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MUEBLES EN NERJA |
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HISTORIA DE Nerja
Prehistoria
Hoy en día tenemos vestigios de que el primer poblado que se asentó en estas tierras fue ya en el Paleolítico Superior, hace unos 20.000 años. Se ha encontrado la huella de dos importantes culturas: neolítico y argar. El primero de ellos se asentó en toda la vertiente mediterránea, y es precisamente en la llamada Cueva de Nerja donde dejó un magnífico legado con el que nos acercamos a su modo de vida. La cultura argárica fue posterior, ya finalizado el periodo neolítico. Corresponde a la Edad de Bronce, extendida por el sureste peninsular. Características de este pueblo fueron la habilidad hacia la agricultura y la ganadería, y el desempeño de labores artesanales, como la cerámica, la confección de tejidos y la metalurgia.
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Edad Antigua
No tendremos más noticias de la historia de Nerja hasta una vez entrada la Era Cristiana. Sólo se conocen pueblos que se asentaron cerca, como bastetanos y fenicios. El dominio del mar Mediterráneo por parte de los griegos trajo consigo el nacimiento de pueblos como Homeroskopeion y Mainake, a veintisiete kilómetros de lo que hoy es Málaga. Asimismo, crearon el Templo de la Luna en la playa de Torre del Mar, lugar sacro donde los griegos oraban antes de emprender sus viajes. Es la entidad helena más próxima a Nerja, pero tampoco dejaron huella en ésta.
La Península Ibérica fue dominada por Roma en el 210 a.C. Fundaron tres poblaciones en la Málaga oriental: Maenoba (Vélez), Claviclum (Torrox), y Detunda (Maro). En esta última se hallaron numerosos restos romanos como monedas, tumbas o ánforas. También se conocen vestigios de la misma cultura en lugares del término municipal de Nerja, como cimentaciones de argamasa, un acueducto derruido, o un horno de fundición en el Río la Miel.
Edad Medieval
Importante fue el año 711, cuando visigodos fueron derrotados por musulmanes en la batalla del Guadalete, lo que dio comienzo a una nueva conquista peninsular. Nos han llegado escritos de un geógrafo árabe, llamado Said Ben Ahmed, en los que cita que Málaga fue llamada cora de Rayya. Al igual, el historiador Almacarri de Tremecen afirmaría que Naricha (traducido como “manantial abundante”) formaría parte de esta ciudad. Así es como los musulmanes nerjeños llamarían a su pueblo, que sería recién nacido por aquel entonces.
“Tendido sobre alfombras de mágicos
colores mientras el dulce sueño mis párpados cerraba, Naricha; mi Naricha
brotando entre flores con todas sus bellezas mi vista recreaba”
Esta estrofa esta datada en 917, y pertenece a Ibn Saadi, primer poeta que dedicó sus versos a Nerja. Fue la cultura musulmana la que protagonizó un periodo de esplendor en al-Ándalus. La industria textil sobresalió en el marco económico del reino, empleando a unos 13.000 trabajadores en la producción de algodón, lana, lino y seda, esta última de gran valor. Se dio particular importancia a la ciencia, y se realizaban traducciones de oriente y occidente. Las mujeres disfrutaban de una autonomía en la que tenían derecho sobre sus bienes inmobiliarios, y ejercían profesiones como peluquería, arquitectura, lógica, caligrafía, astrología, depilación o canto. El legado árabe nos ha dejado, entre otros, apellidos y motes que nos resultan familiares hoy en día: Alcaide, Javala, Alozaine, Alguazil…
Edad Moderna
Con la llegada de los Reyes Católicos en el siglo XV, finalizará una batalla, llevada a cabo durante más de 500 años, por el dominio de la Península Ibéerica. Fue exactamente en 1487 cuando Málaga fue reconquistada por los cristianos. A pesar de ello, en los siguientes años Nerja siguió habitada por población islámica. En esta costa convivían tres culturas: cristiana, árabe y judía, hasta que una nueva orden obligó a todo aquel que no era cristiano a convertirse a tal religión o a abandonar el Reino. Hay historias que cuentan que la hoy llamada playa del Salón en Nerja fue llamada así porque fue testigo del éxodo de cientos de judíos que se despedían entre sí con la palabra “Shalom”. Igual de triste fue el final para los musulmanes que se vieron obligados a abandonar una tierra en la que habían prosperado generación tras generación. Nerja quedó muy despoblada a principios del siglo XVI. Muchos de los actuales pobladores de Nerja que reconocen ser descendientes de familias que vivieron en la zona por más de cinco siglos, poseen apellidos de conversos judíos como: Moreno, Herrero, Ávila, Jaime, Leyva.
A sus tierras llegaron castellanos, asturianos, gallegos y valencianos con motivo de repoblación. Debido estar dentro de un área que sufría el continuo peligro a una posible invasión islámica, todos sus habitantes fueron obligados a tener armas. Se colocaron cañones en la llamada Torre de los Guardas (actual Balcón de Europa), núcleo alrededor del cual se apiñaba el vecindario. Las principales actividades de la época eran la agricultura y la guerra. El miedo a los continuos ataques piráticos por parte de los musulmanes desembocó en una nueva despoblación, aliviada con una “Carta de Autonomía” en 1515. Así, Nerja quedó independizada de su anterior corregimiento de Vélez. Su territorio quedó delimitado por el río Chíllar, Fuente del Esparto, El Madroño, el Río de la Miel y Cantarriján. Se repartieron las tierras entre los nuevos pobladores, aunque para llegar a ser propietario era necesario vivir durante diez años en el término. A pesar del peligro de los ataques piráticos, el pueblo comenzará a crecer. Como actividad particular en la zona, podemos destacar la cría del gusano de seda.
En 1567 se puede hablar de la última batalla islámica librada en estas tierras. La rebelión morisca de las Alpujarras llegó al pueblo de Cómpeta, cercano a territorio nerjeño. A pesar de la fuerte imposición árabe, los cristianos les ganaron la batalla dos años más tarde, y los moriscos que sobrevivieron fueron apresados. Tras este hecho histórico, los únicos restos arábigos que quedaron en Nerja fueron la Torre de los Guardas y las ruinas de Castillo Alto.
Nuevas casas y roturaciones de tierras fomentaron el crecimiento del pueblo en los siguientes años. Este fue el momento en el que las torres vigías fueron construidas en toda la costa malagueña, con la función de avistar barcos piratas para así poderles hacer frente. Por medio de hogueras se comunicaban entre sí. Cuando se divisaban embarcaciones, se daba el toque de “a rebato”, que significaba “moros en la costa”. En Nerja se alzó “La Torrecilla”, hoy en día derruida.
Estos años en adelante significarán crecimiento y prosperidad para el pueblo. Con el cultivo de cañadulzales se construyó la primera fábrica de azúcar en España. Se alzaron iglesias en Nerja y Maro, se reformó el castillo, y se modificó la alcaldía para mejorar la defensa de la costa. En 1697 quedó terminada la primera fase de la iglesia de San Salvador, seguida por la ermita de la Virgen de las Angustias en 1720.
Edad Contemporánea
El siglo XIX ha sido descrito como el “siglo de oro” en Nerja. Con el comienzo del reinado de los Borbones, la política dará un giro y favorecerá los municipios. Cambiará la visión descentralizadora de los Austrias, que solo beneficiaba a la nobleza y los altos cargos, y dedicará fondos a la evolución y desarrollo de las ciudades. Se repartió el patrimonio entre el pueblo, y se procuró que los cargos de regidores o alcaldes entre otros fueran destinados a personas no pertenecientes a la nobleza. De esta manera, el cabildo de Nerja estaba entonces formado por dos alcaldes, tres diputados representativos del pueblo y un síndico encargado de asegurar que se cumpliesen los intereses del mismo.
El nuevo siglo en Nerja es una etapa de crecimiento. Se mejoran sus calles, que fueron empedradas, y se amplian edificios como la iglesia de El Salvador. Surgieron sistemas de agricultura más eficientes, con la técnica de canalización de riegos, que asimismo permitió el aumento en la producción y el desarrollo de nuevas industrias. Se benefició del éxito en el comercio de vino, miel, azúcar y harina propios de la tierra, y se dio paso a la explotación de minas y a la tala de árboles. Asimismo, Nerja abrió sus puertas a Málaga y a Almería, con la construcción de una carretera.
Romerías y fiestas populares eran manifestación de la alegría vivida por sus vecinos ante tal auge tanto en producción agrícola como en desarrollo económico. En este momento alcanzará una población de 8.000 habitantes. Se dejaron atrás siglos de decadencia y miedo, y se dio la bienvenida a un nuevo régimen que parecía sonreír un poco más al beneficio popular en comparación a sus predecesores. También fue muestra de este esplendor la lista de nombres de pensadores e intelectuales que sobresalieron en diversos campos.
Dos acontecimientos fueron premonitorios del periodo negativo que comenzaría a finales de siglo. Por un lado, la Guerra de la Independencia Española, en la que ejércitos napoleónicos se enfrentaron contra los aliados ingleses y españoles, provocó que este último grupo destruyera el Castillo de Nerja y La Torrecilla, para así evitar que los franceses pudieran esconderse en ellos. Por otro lado, en 1884 un fuerte terremoto estremeció sus calles, promulgando el pánico y grandes destrozos a nivel material.
El ocaso del siglo XIX trajo consigo el comienzo de la decadencia. Las plagas destruyeron los viñedos, cayeron comercios como la pasa, el vino, o el azúcar. Además, la Guerra Carlista trajo consigo la pérdida de los fondos necesarios para sostener tales industrias, destinados ahora a este fin bélico.
El nuevo fenómeno de la emigración provocó que muchos nerjeños se trasladaran a países de Sudamérica buscando trabajo, reduciendo la población a los 7.000 habitantes. Un sin fin de contratiempos que irán hundiendo el ánimo de los que permanecieron en estas tierras sin ser capaces de emigrar por la carencia de medios económicos. Plagas que aniquilan al ganado y las cosechas, sequías, crisis jornaleras que provocan situaciones de paro, y epidemias de cólera y tifus serán protagonistas en los primeros años del siglo XX.
La situación vivida era deprimente. Se registraron en los censos 400 pobres e indigentes en esta localidad, y un clima de claro descontento hacia las pocas medidas tomadas por el gobierno provocaron desórdenes sociales y políticos. Aquí podemos mencionar las revueltas populares que tuvieron lugar contra la propia alcaldía, que eran suprimidas por la Guardia Civil malagueña. A nivel municipal, pocos avances fueron llevados a cabo. Destaca la instalación de griferías en las casas, con la entrada de una nueva empresa de agua potable en el pueblo. Con ello mejoraron las acequias y riegos.
La dictadura de Primo de Rivera, que comienza en 1923, trae consigo una relativa estabilidad para Nerja. Por un lado se toman medidas más drásticas por mantener el orden, pero por otro la situación de paro mejorará con el aumento de obras públicas.
Con el comienzo de la República en España, se extiende el derecho a voto a todo aquel que aparezca en los censos y supere la edad exigida. Con las primeras elecciones en Nerja se creará el primer Concejo, seguida por la del primer alcalde republicano. Pero el paro aumenta y la tensión crece en el pueblo. En estos años, el pueblo se verá inmerso en los problemas que acarrean unas condiciones climáticas adversas que solo acarrearán mayor dificultad para salir de una crisis cada vez más acentuada.
Con el levantamiento del ejército franquista en el norte de África se enfrentaron unos contra otros, llegando a cometer grandes destrozos a nivel material y humano. El pensamiento radical llevo a los propios vecinos a odiarse entre sí y a quemar todo lo que se relacionase con el contrario con intención de hacerlo desaparecer. En todo el pueblo se olía el miedo por lo que venía: con la entrada en Málaga de las tropas franquistas el 8 de febrero, un río de gente deambulaba por la carretera hacia Almería inmersos en un éxodo. Fueron muchos nerjeños los que perdieron la vida ese día, bien por los bombardeos aéreos o por que las fuerzas les abandonaban en su intento por seguir caminando. En el pueblo, una de las bombas cayó en la plaza de la Ermita, lo que provocó más víctimas, seguidas por más que murieron fusiladas en las siguientes semanas. A todo esto siguieron unos duros años de posguerra, hambrunas y, una vez más, de paro.
No será hasta la década de los 1950 cuando se empiece a notar un cierto progreso, acentuado notablemente cuando se descubre la existencia de la Cueva de Nerja, y se abre al público en 1960. La cueva atrajo a un gran número de curiosos, prensa y con ella turistas, que son la principal fuente económica. Todo ello, junto a un ambiente más sosegado en el que las hambrunas quedaron atrás y los proyectos del pasado comienzan a ver la luz.
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