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MUEBLES EN CANTABRIA |
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HISTORIA DE Cantabria
Prehistoria
Artículo principal: Prehistoria en Cantabria
Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España1
Patrimonio de la humanidad — Unesco
Réplica del techo de Altamira (Museo Arqueológico Nacional)
Coordenadas
43°22′57.1″N 4°06′58.2″O / 43.382528, -4.116167
País
Tipo
Cultural
Criterios
i, iii
N.° identificación
310
Región2
Europa
Año de inscripción
1985 (IX sesión)
Año de extensión
2008
1 Nombre como está inscrito en la Lista del patrimonio de la humanidad. 2 Clasificación según Unesco
La presencia humana en la región del Cantábrico se remonta a hace unos 100.000 años, a finales del Paleolítico Inferior –período interglacial-, extendiéndose a lo largo de una estrecha franja costera entre la zona central de la actual Asturias y los Pirineos occidentales. De aquel período se conservan restos de útiles tallados en piedra (cuarcita u ofita), caso de los bifaces, hallados en algunas cuevas y yacimientos al aire libre. Eran poblamientos próximos a la costa y en valles bajos, junto a ríos, de chozas construidas con ramas o pieles, asentamientos eventuales de pequeños grupos familiares o clanes dedicados a la caza y la recolección.
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La primera referencia escrita del nombre de Cantabria se remonta al año 195 a. C., en el que el historiador Catón el Viejo habla en su libro Orígenes del nacimiento del río Ebro en el país de los cántabros:
"...fluvium Hiberum: is oritur ex Cantabris, magnus atque pulcher, pisculentus."
Marco Porcio Catón, "el Viejo". Orígenes (VII), 195 a. C.
A partir de aquí las citas acerca de los cántabros y Cantabria se suceden continuamente, puesto que los cántabros se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la Península. Hay constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma durante la segunda guerra púnica por las referencias de Silio Itálico (libro III) y Quinto Horacio Flacco (lib. IV, oda XIV). También se les menciona durante el sitio de Numancia llevado a cabo por Cayo Hostilio Mancino, que se dice levantó el sitio a la ciudad y huyó al ser informado de que cántabros y vacceos acudían en su auxilio.
Cantabria durante el periodo de las Guerras Cántabras. El mapa señala las fronteras del territorio cántabro en relación con la Cantabria actual así como las distintas tribus que lo habitaban, los pueblos vecinos, ciudades y accidentes geográficos interpretados a partir de fuentes clásicas.
La mayor parte de las referencias posteriores aparecen a raíz del inicio de las Guerras Cántabras contra Roma en el año 29 a. C. Se conservan en torno a 150 referencias de este pueblo de cuya fama dejan constancia textos griegos y latinos. Su territorio rebasaba significativamente los límites de la actual comunidad autónoma de Cantabria, localizándose al norte con el mar Cantábrico, nombre con el que le bautizaron los romanos; al oeste con las cumbres occidentales del valle del río Sella, dentro del actual Principado de Asturias; por el sur se extendía hasta el castro de Peña Amaya, en la actual provincia de Burgos, y al este se extendía hasta casi Castro-Urdiales, en torno al río Agüera.
La fundamental huella que los romanos imprimieron en la civilización occidental se debió al proceso de romanización que impulsaron en todas las tierras conquistadas, sometiendo a sus pueblos a una aculturación que los incorporaba paulatinamente a las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales del Imperio. Y siendo Roma una ciudad-estado, aquel proceso lo realizó a través de un modelo urbano. En Cantabria (integrada en la provincia Tarraconense) la romanización fue tardía e incompleta, consecuente con una débil urbanización. Si en el siglo I d. C. fuentes latinas hablan de varias civitates, éstas se refieren a pequeños núcleos en los que asentó a las antiguas tribus, obligadas a abandonar sus poblados en los montes para evitar nuevas rebeliones. La única ciudad considerada como tal por los propios romanos era Julióbriga (Retortillo, junto a Reinosa), fundada en el 26 a. C. como base de la ofensiva militar y convertida posteriormente en la capital civil del territorio. Aparte de ella Flavióbriga (Castro-Urdiales) en el 74 d. C. logró, en tierra de Autrigones, el importante estatus de colonia gracias al asentamiento de numerosos ciudadanos romanos, posiblemente ex legionarios dedicados a la pesca, el comercio y la exportación de hierro.
Término augustal encontrado en el municipio de Valdeolea. Fijaba el límite entre el territorio dependiente de la ciudad romana de Julióbriga, sujeto a tributación, y los pastos adscritos a la Legio IIII Macedonica, libres de tributos por su carácter militar.
La superficial romanización de la cornisa cantábrica se debió a su condición de territorio remoto y marginal, fuente de explotación agropecuaria y minera (hierro, sal, blenda, plomo y zinc) en beneficio de la metrópoli romana. Este hecho queda patente en la organización de la red viaria, orientada a la exportación de aquellas materias primas. Los romanos establecieron dos vías de salida, una terrestre siguiendo el valle del Ebro hacia Tarraco y Burdeos, y otra marítima, en dirección a la Galia o circunnavegando la Península hacia Gibraltar, para lo cual fundaron una serie de puertos en la costa: Portus Vereasueca (San Vicente), Portus Blendium (Suances), Portus Samanum (Castro-Urdiales), Portus Victoriae (Santoña). Conectando ambas salidas se orientaron varias calzadas transversales que recorrían de sur a norte la región.
De estas últimas sólo tenemos constancia de tres en nuestra región. La que comunicaba con la Meseta a través de Campoo y el corredor del Besaya; la que cruzaba el valle de Mena y las Encartaciones hasta Flavióbriga; y la que enlazaba Campoo y Cabuérniga con la costa occidental. Se especula igualmente con la existencia de una Vía Aggripa que corriera paralela al litoral, pero hasta ahora no se han hallado vestigios materiales de ella.
Otro medio de inserción económica y social de los antiguos cántabros en el Imperio fue el ejército. Pueblo guerrero, no era extraño su enrolamiento en las legiones, existiendo vestigios epigráficos de su presencia en Britania, Germania, Judea o Numidia, siempre destinos remotos que alejaran el peligro de insurrección armada. Para prevenir esta amenaza en Cantabria permaneció asentada hasta el 39 d. C. la Legio IV Macedonica, acampada seguramente en la zona de Aguilar de Campoo. Trasladada posteriormente a tierras germánicas, la responsabilidad de vigilancia del norte peninsular recayó hasta la desaparición de Imperio en la Legio VII Gemina, cuyo campamento daría origen a la ciudad de León.
En fin, tras cuatro siglos, la romanización no pasó de ser un barniz superficial cuya única herencia perdurable fue la sustitución de las antiguas lenguas cántabras por el latín. Seguramente existió una élite cántabro-romana, urbana, culturalmente integrada y monopolizadora de los altos cargos administrativos. Pero con las invasiones germánicas del siglo V resurgieron los antiguos modos de vida y las formas sociales prerromanas basadas en pequeños grupos pastoriles, así como las seculares creencias, nunca perdidas por el grueso de la población
El tránsito a la Edad Moderna no altera en Cantabria el estado de fragmentación territorial heredado del medievo, condicionando una desvertebración a la vez económica, política, institucional y eclesial. Tierras de realengo y de señorío, feudos laicos y religiosos, concejos, valles, merindades y corregimientos tejen la intrincada maraña institucional de una tierra sin conciencia de unidad y que en su conjunto es conocida como “Montañas Bajas de Burgos”, “De Peñas al Mar” o simplemente “La Montaña”.
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